jueves, 15 de agosto de 2013

Nota color



¿Qué es?

Recuadro que agrega información. También cuando se cubre una nota puntual con noticia.

Además, puede ser una nota en sí misma, sin necesidad de dependencia de una noticia.

Describe la situación poniendo el acento en el modo como se desarrolla o plantea, antes que en la información (que en general está desarrollada en la nota principal).

¿Cómo se escribe?
Se caracteriza por una prosa atractiva y desestructurada, con una mirada inteligente sobre los hechos que se narran.

En la nota de color debe abundar la descripción detallada de hechos y objetos.

Se prioriza la utilización de imágenes sensoriales y la transmisión de emociones y sentimientos.

Permite más giros literarios que las crónicas y los artículos que narran una noticia determinada.

El periodista elige "otro" punto de vista para contar los hechos.

Por ejemplo, en un partido de fútbol en el que se define un campeoanto, puede hacerse la nota de color sobre el comportamiento de los hinchas de uno o de los dos equipos. En este caso, funcionaría como un recuadro adjunto a la crónica central.

Si la nota de color es sobre un pueblo, puede centrarse en el punto de vista de su habitante más antiguo.

Otro ejemplo: si la noticia es la reapertura del teatro Colón, la nota de color puede narrar los distintos encuentros entre personalidades o centrarse en el vestuario de los asistentes.

Para leer

El escritor colombiano Gabriel García Márquez publicó una serie de notas en el diario El País, de España, entre los años 1980 y 1984. En esos relatos periodísticos (recopilados en el libro "Notas de prensa"), llenos de información, abundan también narraciones coloridas que pueden ser un buen punto de partida para embarcarse en la aventura de lograr este tipo de textos.

A continuación, un fragmento de uno de esos textos y varios likns para seguir

Así es: la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las canciones de los Beatles. Cada quien por motivos distintos, desde luego, y con un dolor distinto, como ocurre siempre con la poesía. Yo no olvidare aquel día memorable de 1963, en México, cuando oí por primera vez de un modo consciente una canción de los Beatles. A partir de entonces descubrí que el universo estaba contaminado por ellos. En nuestra casa de San Angel, donde apenas si teníamos donde sentarnos, había solo dos discos: una selección de preludios de Debussy y el primer disco de los Beatles.
Por toda la ciudad, a toda hora, se escuchaba un grito de muchedumbres; “Help, I need somebody”. Alguien volvió a plantear por esa época el viejo tema de que los músicos mejores son los de la segunda letra del catálogo: Bach, Beethoven, Brahms y Bartok. Alguien volvió a decir la misma tontería de siempre: que se incluyera a Bosart. Alvaro Mutis, que como todo gran erudito de la música tiene una debilidad irremediable por los ladrillos sinfónicos, insistía en incluir a Bruckner. Otro trataba de repetir otra vez la batalla a favor de Berlioz, que yo libraba en contra porque no podía superar la superstición de que es oiseau de malheur, es decir, pájaro de mal agüero. En cambio, me empeñe, desde entonces, en incluir a los Beatles. Emilio García Riera, que estaba de acuerdo conmigo y que es un critico e historiador de cine con una lucidez un poco sobrenatural, sobre todo después del segundo trago, me dijo por esos días: “Oigo a los Beatles con un cierto miedo, porque siento que me voy a acordar de ellos por todo el resto de mi vida”. Es el único caso que conozco de alguien con bastante clarividencia para darse cuenta de que estaba viviendo el nacimiento de sus nostalgias. Uno entraba entonces en el estudio de Carlos Fuentes, y lo encontraba escribiendo a maquina con un solo dedo de una sola mano, como lo ha hecho siempre, en medio de una densa nube de humo y aislado de los horrores del universo con la música de los Beatles a todo volumen. (....)
Esta tarde, pensando todo esto frente a una ventana lúgubre donde cae la nieve, con mas de cincuenta años encima y todavía sin saber muy bien quien soy, ni que carajos hago aquí, tengo la impresión de que el mundo fue igual desde mi nacimiento hasta que los Beatles empezaron a cantar. Todo cambio entonces. Los hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar, y se inicio la liberación del sexo y otras drogas para soñar. Fueron los años fragorosos de la guerra de Vietnam y la rebelión universitaria. Pero, sobre todo, fue el duro aprendizaje de una relación distinta entre los padres e hijos, el principio de un nuevo dialogo entre ellos que había parecido imposible durante siglos.
Gabriel García Márquez 16 de Diciembre de 1980 (Extractado de Notas de prensa 1980 – 1984)



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